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February 24, 2007 by votepornadie.com.
Gracias a Barricada nos hemos dado cuenta de un sitio muy importante en el delicado tema del aborto terapeutico.
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February 6, 2007 by votepornadie.com.
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En una carta enviada al cardenal y entregada a la prensa por los portavoces de presidencia, Ortega afirmó que la Comisión tiene el objetivo principal de unir a ‘quienes participaron activamente en los dolorosos conflictos armados’ en los años ochenta.
‘Estamos pensándolo, porque es un servicio que se nos pide’, declaró hoy Obando.
El prelado presidió a finales de los ‘80 una comisión similar que finalizó con los acuerdos de paz entre el régimen sandinista presidido por Ortega y que estaba apoyado por la entonces Unión Soviética y la ‘contra’ financiada por Estados Unidos.
‘El Consejo velará porque se promuevan políticas efectivas de apoyo a la recuperación emocional, espiritual y económica’ de las familias afectadas durante esos conflictos’, indicó el presidente nicaragüense en la misiva enviada a Obando.
El Cardenal dijo hoy que todavía hay acuerdos que no se han cumplido y que muchos ciudadanos sufren aún las secuelas de la guerra.
‘Nosotros solo seriamos facilitadores según la propuesta y para que se canalice tal vez algunas ayudas a través de los respectivos ministros’, agregó.
REACCIONES
‘Sería catastrófico para la fe de muchos nicaragüenses’, opinó el secretario general de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, monseñor Sócrates René Sándigo, quien dijo que espera que Obando reflexione y no acepte el cargo que Ortega le propone.
‘Exhortamos a nuestro Gobierno a no comprometer a personas tan honorables como el señor Cardenal, una propuesta de esas lo mete en un conflicto interno y lo puede comprometer con la ciudadanía’, señaló el obispo, según recoge hoy el diario nicaragüense ‘La Prensa’.
Sándigo dijo además que si Obando aceptase la propuesta presidencial, la decisión se contrapondría con la oposición que mantuvo cuando dirigió la Iglesia Católica del país en los años ochenta, sobre la participación política partidaria de los miembros religiosos de la Iglesia durante el régimen sandinista.
‘Él (Obando) en efecto, en la década de los ochenta, junto con la Conferencia Episcopal, estaba contra la participación de clérigos en cargos públicos y que algunos de ellos sufrieron las consecuencias como es el caso de Ernesto Cardenal y de su hermano Fernando’, señaló.
Sándigo destacó que ‘la ley de la Iglesia es muy clara, la Iglesia no varía en ningún caso, sus normas valen para uno y para otro y en todos los tiempos. Con el derecho canónico que entró en vigencia en el año 83, quedó claro que ningún miembro jerárquico de la Iglesia puede participar, en actividades o en cargos políticos públicos’.
Durante el régimen sandinista de la década de los ochenta, sacerdotes católicos ocuparon cargos en el Gobierno. Uno de ellos fue Ernesto Cardenal, a quien se le encomendó la cartera del ministerio de Cultura; como ministro de Educación estuvo el hermano de este, Fernando Cardenal y como ministro de Asuntos Exteriores del país trabajó Miguel D’Escoto.
El entonces Ministro de Cultura se rebeló ante la Iglesia Católica en favor de la Teología de la Liberación, que se vincula al marxismo. Durante su primera visita a Nicaragua en marzo de 1983, el Papa Juan Pablo II (fallecido en 2005) le amonestó públicamente y fue suspendido por el Vaticano. Cardenal podría haber vuelto al seno de la Iglesia Católica cuando dejó de lado el partido sandinista, aunque finalmente no optó por esa opción.
| Terra Actualidad - Europa Press |
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January 11, 2007 by votepornadie.com.
Rodeado por las expectativas de un país hermano y sufriente, Daniel Ortega asumió la presidencia de Nicaragua. Había dejado ese cargo hace 17 años, en los que perdió cuatro veces las elecciones. Líder revolucionario, se volcó hacia el centro. Y hoy todo su país aguarda con esperanza el cumplimiento de promesas electorales que hablaron de trabajo, salud, vivienda y educación.
La política produce heridos graves y heridos leves, pero muy pocos muertos, decía hace algunos días una prominente figura de la actividad pública uruguaya. Que muy bien pudo haber utilizado el ejemplo de Daniel Ortega, un líder revolucionario devenido combatiente electoral que acaba de asumir nuevamente la presidencia de Nicaragua tras sucesivas derrotas en los comicios de 1990, 1996 y 2001.
Han pasado 17 años desde que el comandante del Frente Sandinista de Liberación Nacional le entregó el gobierno a Violeta Chamorro, dirigente socialdemócrata y viuda de un reconocido periodista opositor asesinado durante la dictadura del último de los Somoza. Ortega había vencido por un amplio margen -63%- en las elecciones presidenciales de 1984, primeras que se realizaron desde el triunfo armado del Fsln en 1979. Pero previamente, y desde la victoria del alzamiento contra el ya fugado Anastasio Somoza Debayle, había sido una figura preponderante en la Junta de Reconstrucción Nacional que asumió el gobierno.
En especial luego de la renuncia de Violeta Chamorro y del empresario Luis Robelo su gestión provocó severas pérdidas económicas y humanas, colocando a toda Centroamérica al borde de una conflagración generalizada que se pudo prevenir gracias a la intervención del llamado Grupo de Contadora.
Entonces hubo quienes vieron al líder sandinista como una suerte de presidente de facto, luego confirmado en la primera de las cinco instancias electorales en las que ha participado.
Los tiempos de Ortega al frente de Nicaragua no fueron fáciles. Si bien sus actitudes políticas lo apartaban de Fidel Castro en aspectos sustanciales, como la vocación de legitimar su gobierno en elecciones democráticas, los sandinistas llegan al poder en un período crítico de la guerra fría. Y a partir de la instalación de Ronald Reagan en el gobierno de Estados Unidos se plantea una contrarrevolución armada que desafió al gobierno sandinista, provocó miles de muertes e ingentes pérdidas económicas. Y puso a Centroamérica al borde de una guerra civil que se pudo prevenir gracias a la acción del llamado Grupo de Contadora y del Grupo de Apoyo a Contadora, en el que el Uruguay democrático tuvo una participación relevante.
También fue un factor de importancia para acotar el respaldo norteamericano a las operaciones de la “contra” el hecho de que se desatara en el Senado el llamado “escándalo Irán-contras”, un episodio que hoy puede revisarse con alguna sorpresa, pues habla de los tiempos en que la Casa Blanca estimaba al hoy desaparecido Saddam Hussein.
Daniel Ortega retorna a la presidencia de Nicaragua. Su votación se acercó al 40% del electorado, pero es claro que hoy le acompañan las esperanzas de la mayoría del pueblo nicaragüense. En una campaña que seguramente horrorizaría a los revolucionarios más apegados a las viejas consignas, dejó de lado el himno y la bandera sandinista, sustituido el primero por la Oda a la Alegría del cuarto movimiento de la novena sinfonía. Mientras que el color rosado reemplazó en su parafernalia electoral el rojo y negro de los viejos emblemas revolucionarios del Fsln. Fue claro -y ya lo había sido en las elecciones de 2001- el vuelco de Daniel Ortega hacia la captación del electorado en el centro de la opinión pública. Este vuelco resultó incluso en una fractura del sandinismo y en la participación electoral del MRS, Movimiento de Renovación Sandinista que solamente alcanzó poco más del 5% de los sufragios.
Acompañado en la asunción por Hugo Chávez, Evo Morales y una importante delegación cubana, Ortega asume al frente de un partido en el que solo siguen militando tres de los viejos comandantes que dieron su golpe de gracia a la saga somocista. Su propio hermano Humberto es hoy un severo adversario. Y es claro que su esfuerzo ha sido hasta ahora el de tender puentes con los políticos de orientación socialdemócrata y hasta con Estados Unidos, enterrando también la vieja prédica antiyanqui que por años caracterizó al sandinismo.
Nicaragua, desangrada por la guerra civil contra los Somoza y por el episodio de los contras, tras sucesivas administraciones que dejaron como asignatura pendiente las promesas de prosperidad y progreso -Violeta Chamorro, Arnoldo Alemann, Enrique Bolaños- cifra ahora sus esperanzas en la gestión de Ortega. Sus promesas electorales hablaban de trabajo, salud, educación y vivienda. Algo más que necesario para una patria hermana y sufriente que supo durante su historia ser pionera en su región y hoy ocupa uno de los lugares más relegados en el índice de desarrollo humano de Naciones Unidas. Cercano a la izquierda, Ortega no ha renunciado a postulados democráticos esenciales, como la búsqueda del respaldo electoral y de la sucesión de los partidos en el poder. Hoy maduro y fogueado en política, no es el mismo que cambió el fusil por la banda presidencial. Y cabe abrirle un crédito esperanzado.
http://www.ultimasnoticias.com.uy/editoriales/edit1101E1.html
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