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Alcance actual de la influencia de EE. UU. en América Latina

De acuerdo con algunos expertos, el énfasis otorgado por Estados Unidos a la lucha contra el terrorismo y a los conflictos en Oriente Medio ha desembocado en el consecuente descuido de sus relaciones con América Latina, en la alimentación del sentimiento antiestadounidense en el continente y en el viraje hacia la izquierda de su panorama político, teoría que merece ser discutida.

En realidad, durante los últimos años las prioridades de la política exterior de Washington no parecen pasar por América Latina. Sin embargo, en la estrategia exterior estadounidense, si bien la lucha contra el terrorismo es fundamental y los problemas en Oriente Medio son prioritarios, lo cierto es que la diplomacia con América Latina continúa ocupando un lugar fundamental.

Charles Saphiro, subsecretario del Departamento de Estado de Estados Unidos encargado de Asuntos de América Latina, señaló con claridad: “En mis 35 años de carrera diplomática, la política de Estados Unidos con respecto a América Latina ha sido objeto de las más variadas críticas. Cuando se le otorga a la región una especial importancia, se acusa a Washington de interferir en las cuestiones internas latinoamericanas; cuando nuestra atención se desvía hacia otro lugar, se nos acusa de descuidar el continente. Es difícil aclarar cuál es la opción correcta”.

Como era de esperar, Saphiro defiende la postura de su propio país, no obstante, podemos afirmar con rotundidad que independientemente del cariz que adopte la situación internacional, Estados Unidos no descuidará en ningún momento a sus vecinos del sur.

En lo referente a la política interna del país, en ningún momento se puede pasar por alto a los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos. Sin embargo, tanto los inmigrantes documentados como aquellos que carecen de documentación en regla suponen un tema espinoso en Estados Unidos.

Especialmente ante la celebración de elecciones parlamentarias o presidenciales, la política de Washington a tenor de esta cuestión constituye siempre una cuestión de difícil solución. La Casa Blanca y el Congreso difieren en su punto de vista con respecto a la inmigración, pero a pesar de las diferencias, ambas instituciones coinciden en un razonamiento primordial: para solucionar los problemas que la inmigración plantea han de ganarse el apoyo de los países emisores.

Asimismo, la extensa mayoría de las drogas que se consumen en Estados Unidos proviene de América Latina. La política de las autoridades estadounidenses consiste en controlar el suministro para controlar la demanda. En este sentido, Washington ha ofrecido a Colombia y otros países del continente ayudas para combatir la producción y el contrabando de drogas, medida con la que ha logrado obtener notables resultados.

En lo que a seguridad se refiere, aunque América Latina no constituye el principal frente de la lucha contra el terrorismo, debido a su cercanía, Washington no puede obviar la posibilidad de que organizaciones terroristas de otras regiones utilicen el territorio latinoamericano como plataforma para dirigir un ataque contra Estados Unidos. Así por ejemplo, de acuerdo con diversas publicaciones, Al Qaeda ha transferido activos desde Panamá.

Del mismo modo, en el triángulo que conforman Argentina, Brasil y Paraguay existen algunos grupos catalogados por Estados Unidos como organizaciones terroristas. En esta misma línea, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) engrosa también el listado estadounidense de grupos terroristas.

Por otra parte, dentro de América Latina existen también algunos motivos de malestar con respecto a la potencia norteamericana. Así por ejemplo, la vasta mayoría de las naciones latinoamericanas se oponen al conflicto desencadenado por Estados Unidos en Irak, la iniciativa estadounidense de crear una zona de libre comercio en América no pudo ser materializada, dirigentes como Fidel Castro, Hugo Chávez y Evo Morales conformaron un “eje antiestadounidense”, Brasil y otros países mostraron su enérgica oposición a la política de subvenciones a los productos agícolas, el candidato presentado por Estados Unidos para ostentar el cargo de secretario de la Organización de Estados Americanos no cuenta con la aceptación de América Latina, etc.

En definitiva, toda una serie de razones que parecen corroborar la teoría de que América Latina ha dejado de ser el “patio trasero ” de Estados Unidos.

Sin embargo, dicho razonamiento carece de validez. Si bien en los últimos años hemos presenciado una reafirmación de la corriente antiestadounidense en el continente, existen aún más razones que certifican que el poder de Estados Unidos en Sudamérica sigue siendo tremendamente fuerte. En este sentido cabe destacar el hecho de que la candidatura de Venezuela a finales del pasado año para ocupar uno de los puestos dentro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no llegó a buen puerto debido a que un importante número de naciones latinoamericanas no pudieron sobreponerse a la presión ejercida por Washington y apostar por el posicionamiento de Venezuela.

Es también destacable el hecho de que gracias a las ayudas concedidas por Estados Unidos, Álvaro Uribe, presidente de Colombia, logró asestar un duro golpe al narcotráfico y disminuir la zona de influencia de las FARC, y fue gracias al apoyo de Washington que logró la victoria en las elecciones presidenciales de mayo de 2005 para una segunda legislatura.

También se atribuye a la intervención de Estados Unidos en Haití el final de la fluctuación política del país a comienzos de 2004 y la renuncia del ex presidente Jean-Bertrand Aristide. Según diversos medios de comunicación de todo el mundo, Aristide presentó su renuncia a petición de Estados Unidos, que prácticamente lo metió en un avión.

La base del problema radica en que Estados Unidos y América Latina dependen en gran medida el uno del otro. Estados Unidos es el principal socio comercial de América Latina, el mayor emisor de inversión extranjera directa dentro del continente y su principal fuente de tecnología punta.

Para México y los demás países centroamericanos y del Caribe, el mercado y las inversiones estadounidenses constituyen un ” colchón de salvación” de la economía nacional. Hasta la fecha, más de una decena de países han suscrito el tratado americano de libre comercio, a pesar de que la creación de una zona de libre comercio ha sido un fiasco.

El recientemente elegido presidente nicaragüense, Daniel Ortega, llevó a cabo en la década de los años 80 del pasado siglo XX una política claramente opuesta a Estados Unidos, cuyo precio se materializó en su derrota en las elecciones presidenciales de 1990. En una de sus intervenciones, el presidente ya ha afirmado que ” el tratado de libre comercio entre Estados Unidos, Centramérica y la República Dominicana” beneficia al desarrollo económico nicaragünse, por lo que no permitirá que Nicaragua retire su apoyo al acuerdo.

El también liberal presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, manifestó su deseo de que se suscribiera en un futuro próximo un tratado de libre comercio con Estados Unidos, del cual, según palabras del propio mandatario, la economía uruguaya se verá beneficiada.

En los últimos años, las remesas de activos remitidas por emigrantes latinoamericanos que trabajan en Estados Unidos son cada vez mayores. En 2006, esta cantidad equivalía a un 2,2 por ciento de media del total del PIB de los países sudamericanos, cifra que en Centro América y en México ascendió a un 10,5 y a un 2,7 por ciento respectivamente.

El pasado año gran parte de los ciudadanos de toda América tenían una cita ante las urnas. Además de las elecciones legislativas del mes de noviembre en Estados Unidos, decenas de países latinoamericanos celebraron también comicios presidenciales o parlamentarios.

En Estados Unidos los demócratas fueron declarados claros vencedores en ambas cámaras del Congreso, hecho que según los analistas pronostica cierta ventaja para América Latina. Es el caso de la política de alianza auspiciada por Kennedy para impulsar el progreso, la resolución del problema en el Canal de Panamá a cargo de Carter o la iniciativa de crear una zona americana de libre comercio, que vio la luz en 1994 durante la presidencia de Clinton.

La historia demuestra que los republicanos han tendido en el pasado a descuidar el continente vecino o a emplear la fuerza. Los presidentes Reagan y Bush enviaron tropas a Grenada y Panamá, y el primero además intervino en cuestiones internas de diferentes naciones centroamericanas y apoyó los regímenes militares que se alzaron en el continente.

No obstante, podemos afirmar con seguridad que los cambios políticos en Estados Unidos no ejercerán una influencia notable sobre América Latina y cabe esperar que Washington no abandone los principios de “consolidar la democracia”, “promover el desarrollo económico” y “mantener la paz regional”.

En cuanto a la situación en América Latina, México, Colombia y otras naciones centroamericanas y del Caribe se esforzarán por promover las relaciones diplomáticas con la potencia vecina.

Por su parte, Brasil, Argentina, Chile y Perú, entre otras, trabajarán por mejorarlas, mientras que Venezuela, que insiste en reafirmarse en su posicionamiento antiestadounidense, no persigue, sin embargo, una ruptura con estados Unidos.

De hecho, las relaciones económicas los dos países no han cesado de crecer desde que Chávez asumió el poder. Estados Unidos necesita el petróleo venezolano, teniendo en cuenta que los cargueros tardan apenas unos días en alcanzar tierra estadounidense, frente al crudo de Oriente Medio, que necesita más de un mes para atracar en puertos norteamericanos.

Del mismo modo, para Venezuela, cuyo sustento se basa principalmente en el crudo pesado, Estados Unidos constituye un importante mercado para las exportaciones, sobre todo si tenemos en cuenta que en este país se encuentran las mejores instalaciones para el refinado de petróleo pesado.(CRI)
01/02/2007

http://spanish.peopledaily.com.cn/31619/5356713.html

Nicaragua: más miseria y explotación o lucha de liberación

Pedro Echeverría V.

1. Escucho en Telesur al presidente de Nicaragua Daniel Ortega -quien fustiga la política neoliberal de sus antecesores, reconoce la “postración” de su pueblo y denuncia las políticas de libre mercado por ser injustas e inequitativas- y me pone a pensar que esta vez sí cambiarán un poco las cosas en ese país que se encuentra en los dos últimos lugares de América, “a la par de Haití”, en cuanto a desarrollo económico se refiere. Pero después recuerdo a Sergio Ramírez –quien fuera miembro moderado de la Junta de Reconstrucción Nacional y hoy parece haberse dedicado sabrosamente a la literatura- escribir que la Revolución nicaragüense “favoreció a dirigentes y partidarios del Frente Sandinista en todos los niveles, rapiña que llegó a ser conocida como “la piñata”.

2. Dijo Ortega en síntesis que heredó un país postrado por la pobreza y se ve como si se hubiera librado una guerra sin balas; que el libre mercado no es justo ni equitativo, que los políticos han sido impuestos por Norteamérica, que los gobiernos que le precedieron fueron neoliberales, que ese modelo no ha dado buenos resultados, que hay 35 por ciento de analfabetismo así como enriquecimiento de unos pocos, que el 70 por ciento son pobres y el 27 por ciento de los niños padecen hambre, que se van a revisar los acuerdos con el FMI y que habrá cooperación con Venezuela y Hugo Chávez, así como con Bolivia. Ortega encabezó la revolución que triunfó en julio de 1979, presidió la Junta de Reconstrucción Nacional y fue el primer presidente de 1986 a 1990.

3. El gobierno yanqui de Reagan no podía permitir el surgimiento de un “nuevo país comunista” en América. Los sandinistas nacieron marcados como enemigos de los EEUU desde que el guerrillero Augusto César Sandino, desde los años veinte hasta que fue asesinado en 1934, luchó contra la ocupación y el saqueo usamericano de Nicaragua. En la Junta de Reconstrucción –integrada a la caída del dictador Somoza- por un “empresario progresista” (Robelo), un combatiente militar patriota (Hassan), un intelectual socialdemócrata (Ramírez), un sandinista (Ortega) y una empresaria de poderos periódico (Chamorro) las confrontaciones de intereses entre sus miembros determinaron rupturas políticas, incluso el impulso de “La contra” por Reagan.

4. La agricultura y la ganadería, así como una industria poco desarrollada que atiende la producción de azúcar, cemento, cerveza y cigarrillos, son la base de esa economía “postrada” de que habla Ortega en esa Nicaragua que hoy cuenta con cerca de seis millones de habitantes. Si bien al interior del sandinismo se cometieron errores políticos graves, incluso muchos abusos de corrupción, -como dice el hoy neoliberal escritor Ramírez- la realidad es que la derrota de la Revolución nicaragúense y del sandinismo debe ubicarse en las acciones de saboteo y bloqueo que ejerció Reagan, llegando a minar los puertos el país. Nicaragua, además de miserable, estaba totalmente sometida por los poderosos capitalistas asociados y al servicio de Norteamérica.

5. La realidad es que en los llamados países democráticos como México, EEUU o España, los gobiernos no se enredan ni pierden el tiempo buscando proyectos para construir sociedades justas e igualitarias, como lo hacen los izquierdistas o socialistas. En los países de la democracia capitalista la preocupación del Estado y su gobierno es asegurar que los grandes empresarios nacionales y extranjeros inviertan sus capitales y logren buenas ganancias. Para ellos los trabajadores sólo deben trabajar, es decir, producir y cuidar lo intereses de las empresas que les proporcionan medios para vivir, aunque éstos sean miserables. En el PRI y el PAN, en los partidos demócrata y republicano, se busca cómo continuar ejerciendo el poder y controlando la riqueza.

6. Cuando triunfó la revolución cubana en 1959 EEUU no solo se negó a apoyarla sino que puso toda su fuerza para destruirla; Fidel tuvo que pedir ayuda a la URSS para superar el bloqueo económico y poder mantener la revolución. Cuando triunfó en 1979 la revolución en Nicaragua en EEUU el presidente Carter estaba a punto de dejarle el cargo a Reagan, y la URSS comenzaba a desestabilizarse después de invadir Afganistán y comenzar sus crisis internas. Sin enemigo al frente el gobierno de imperial de Reagan, aliado con la ministra Tatcher, se dedicó a apoyar a la oposición derechista que luchaba contra el sandinismo. México, gobernado por López Portillo, Costa Rica por Carazo, Panamá por Torrijos y Venezuela por Carlos Andrés Pérez, apoyó la lucha insurgente.

7 Pero, ¿qué podrá hacer Ortega en sus próximos cuatro años de gobierno tomando en cuenta de que hizo alianzas con “liberales y somocistas”, con derechistas y grupos políticos contrarios? La revista Proceso publicó que Ortega eligió a un exdirigente de “ La Contra” nicaragüense como compañero de fórmula, para la vicepresidencia, a Jaime Morales Carazo; que para asegurar votos incorporó a dirigentes del Partido Liberal Nacionalista liderado por seguidores del extinto exdictador Somoza. Se dice incluso que la política nicaragüense es lo más parecido a un baile de máscaras”. Al parecer Ortega tiene amarrado pies y manos y si quiere cambiar un poquito el rumbo tendrá que actuar con inteligencia aprovechando la solidaridad de los países del Mercosur.

8. Por cierto el literato Sergio Ramírez, al parecer enemigo de Ortega, está muy “preocupado” por el desaire a Calderón y el ensalzamiento de Hugo Chávez en la toma de posesión. Dice que le hubiera gustado que Ortega le preguntara a Calderón si revivirá el proyecto yanqui Plan Puebla Panamá. Es vergonzoso ya el nivel en que cayó el pobre literato que fuera dirigente de la Junta de Reconstrucción. ¿Por qué Chávez? Pues porque suministró dos plantas eléctricas que comenzarán a generar energía en las próximas dos semanas y porque en cuatro semanas más se inaugurarán otras plantas que cubrirán la mitad del déficit actual de electricidad. Son sólo paliativos pero esos apoyos, como los alfabetizadores, médicos y profesores cubanos en muchos países, son muy concretos.

9. No me atrevería a asegurar que las cosas saldrán bien en Nicaragua, pero sí puedo afirmar que en la actual coyuntura política internacional Ortega puede jugar un papel mucho más importante que Calderón o Uribe en defensa de los intereses de los pueblos de América. En política internacional se están decidiendo asuntos de gran trascendencia. En la UNU, la OPEP, la OTAN, la APEC, la OCDE, el Mercomun, el Mercosur, la OMC, etcétera, se deciden políticas a las que los países deben someterse. El papel de China, la India, Brasil, Venezuela, Cuba y demás países, entre ellos Nicaragua, frente al imperialismo yanqui, es muy importante. Por eso el gobierno de Daniel Ortega, con todo y sus nefastas alianzas, la corrupción del sandinismo y las grandes dificultades económicas, sigue siendo importante.

pedroe@cablered.net.mx

Prospectiva latinoamericana

Los análisis que ven el triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en Nicaragua como un varapalo al imperialismo confunden marketing electoral, voto de castigo y desesperanza con alternativa al neoliberalismo. Y no se trata del vaso medio lleno o medio vacío. El regreso del sandinismo forma parte del hastío de la población votante a seguir pagando los platos rotos de las privatizaciones: el aumento de la pobreza, el paro y el deterioro de las condiciones materiales de vida. Si extendemos este argumento hacia el conjunto de América Latina, podemos visualizar una coyuntura compleja y con opciones contrapuestas.

Durante las últimas décadas del siglo XX, el neoliberalismo pudo edificarse gracias a las teorías de un tiempo nuevo: la globalización que en América Latina se acompañó de una visión ad hoc : el fin de la utopía y la conclusión de las luchas anticapitalistas y antimperialistas. Hecho histórico que debía producir una modernización de la izquierda tras la caída del muro de Berlín. Este postulado se elevó a la categoría constituyente si se quería ser progresista. Los acuerdos entre una nueva izquierda dizque responsable y valedora de la democracia como las reglas del juego electoral concitaron el placer de la derecha vigilante. Siendo su mayor aval el anticomunismo y el rechazo a la revolución cubana. No más tomas del Palacio de Invierno ni del Estado ni del poder. La izquierda política se diluye, mientras la izquierda social queda huérfana clamando justicia social, libertad política y democracia. Cuando más se necesitó una propuesta alternativa, la izquierda política se jibarizó mentalmente y se precipitó hacia el haraquiri para pagar facturas reclamadas por el Pentágono y los ideólogos del neoliberalismo. Decidió jugar con la agenda del enemigo y seguir su itinerario. Mientras se construía el orden neooligárquico, los partidos políticos de izquierda con presencia en la lucha obrera urbana, rural, sindical, terminaron por perder protagonismo y no saber interpretar los cambios. No hubo tregua, la derecha se apoderó del espacio y los años 80 del siglo XX se constituyeron en campo abonado para realizar todas las reformas. En algunos países se hizo bajo el imperio de las fuerzas armadas, el asesinato, la tortura y el exilio. Pero en otros bastó un sistema de partidos políticos y de alianzas estables para garantizar los cambios. Como situación paradójica podemos recordar la desilusión que para millones de personas significó la salida de sus dictaduras. Muchos albergaron la esperanza de concluir un ciclo de políticas económicas y de represión. La sorpresa fue mayúscula cuando se mantuvo el proyecto económico neooligárquico de refundación del orden. Ni Alwyn en Chile, ni Sanguinetti en Uruguay, ni Alfonsín en Argentina, ni Paz Zamora en Bolivia, ni Collor de Melo en Brasil cambiaron el diseño del neoliberalismo. Y si hablamos de la región, salvo Cuba y Panamá con Torrijos, en el resto de países los planes tuvieron nombres y apellidos. En Venezuela el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, en México Miguel de la Madrid, en Perú los primeros pasos los da Alan García. Tampoco debemos olvidar que en Nicaragua el proceso lo inaugura Daniel Ortega (1989) aplicando los planes de ajuste del FMI, todo un récord. En otros países centroamericanos, en plena guerra de baja intensidad, las prácticas neoliberales se consolidan con la reforma del Estado. Es el caso de El Salvador con Napoleón Duarte y Guatemala con Vinicio Cerezo. En Costa Rica bajo el primer gobierno de Oscar Arias y en Honduras con Azcona Hoyo.

Si en el siglo XXI hay gobiernos con propuestas que frenan la vorágine neoliberal, se debe tener en cuenta dicha circunstancia. Sólo hay dos casos y constituyen una excepción. El Movimiento V República en Venezuela, liderado por Hugo Chávez que triunfa en 1998, consecuencia de la crisis del orden bipartidista del pacto fijo nacido en 1958, a la que se suma en 2005 el Movimiento al Socialismo en Bolivia con Evo Morales, donde emerge otro proyecto constituyente. En estos casos coinciden deslegitimación institucional y crisis orgánica acompañada de un proyecto alternativo gestado por años de movilización social y construcción de izquierda política. Por el contrario, en Brasil el triunfo en segunda vuelta de Lula; en Uruguay el gobierno de Tabaré y el Frente Amplio; en Argentina el gobierno peronista de Kirchner y ahora en Nicaragua el triunfo del FSLN sólo les une un nacionalismo vagamente antimperialista y un proceso de despolitización; no constituyen una propuesta anticapitalista. Ello no implica una crítica, sino una constatación. Enunciar un problema no conlleva asumir su enunciado. No son propuestas de refundación del orden en el contexto de una articulación política de ciudadanía participativa y democrática. Otro caso es Chile, donde los partidos de la concertación y el actual gobierno de Michelle Bachelet transitan hacia una moratoria democrática con tal de mantener el control del Ejecutivo. El pacto de no agresión con los violadores de los derechos humanos es un episodio de corrupción ética nunca visto en el quehacer de la política chilena. Ecuador constituye una salida atípica si triunfa Correa en la segunda vuelta. Su elección debe acompañarse de una propuesta constituyente, cuestión que se antoja aún en ciernes. México, por el contrario, entra en una situación difícil. Nos encontramos con la emergencia de un Estado paralelo. Por primera vez gobiernan mafias articuladas fuera del marco institucional-gubernativo. La política en México pasa poco por el poder formal. La privatización de lo político ha deslegitimado el sistema institucional vigente abriendo una crisis profunda del estado de derecho. La solución democrática supone contar con nuevos sujetos políticos, propuestas como la del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y la emergencia de un gobierno alternativo, el de López Obrador, constituido tras el fraude electoral.

Hoy las divergencias en la región hacen pensar que no hay una pérdida de control neoliberal en países importantes del continente. Si añadimos Colombia y la propuesta de Estados Unidos para el hemisferio. Sin olvidarnos del Caribe. ¿Volverán los golpes de Estado? En esta coyuntura no todo lo que lucha contra el neoliberalismo es democrático, ni de izquierda, ni alternativo. Las alternativas no se improvisan ni se articulan en las urnas. Tampoco emergen con el nuevo sectarismo de negar la crítica ética como parte de una conspiración purista o de un discurso de traidores. Bajo esos argumentos alguien disparó a Roque Dalton.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=45642